EL DRAMA HUMANO
- Por Mario García-Guillén -

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Estos días leí, en clase, con grupo de alumnos, "Los Intereses Creados" de D. Jacinto Benavente. Como siempre en estos casos hubo diferentes tipos de lectura, de interpretaciones del texto, etc. pero para mí lo importante fue el repensar sobre nuestra condición de humanos en la emigración. Quizá porque mis años empiezan a ser ya de examen de conciencia. De lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer.

Durante la juventud nos entusiasmamos en lo que estamos haciendo, el trabajo nos apasiona, cuando nos creemos dueños de la verdad que nos rodea,  que pensamos comprender en toda su amplitud y que nos presenta cosas sobre las que tenemos fe y otras que rechazamos porque nos causan repugnancia.

Cuando vamos alcanzando una edad más madura, más próxima de una tercera edad o de una jubilación, sentimos que hay una veintena de años que pasaron con toda rapidez y que lo que creíamos ser, resulta que no es. Y que todo camina hacia un final. Y vuelves a preguntarte sobre el bien y el mar. Honor y deshonra. Patria y emigración. Vuelves a preguntarte sobre tus cuarenta o cincuenta años de formación de trabajo, de lealtad y empiezas a ver con toda claridad que no hubo ningún valor en tus valores porque eran conceptos y que lo que verdaderamente vale es el dinero que hayas conseguido, si lo has conseguido. Y que la interpretación de bueno o malo lo puedes mudar con una coma en lo que se escriba.

Todos mis alumnos vieron como genial la interpretación de Benavente sobre la sociedad en su generalidad, en su amplitud. Y como el amor es fuerte y puede llevarnos a no encontrar los defectos donde los hay.

Mi memoria, como loca, corrió hacia atrás, al pasado. Quería rápidamente analizar lo sufrido, lo vivido, lo imaginado como siendo el destino que nos esperaba y por el que había que luchar. Que se era migrante porque la situación económica de España no era buena y que había que trabajar fuera y enviar el dinero a nuestras pequeñas cuentas por medio de sus entonces representaciones bancarias fuera. Que había que exilarse porque no había la libertad política (léase democracia) que se quería tener y se escribían artículos y libros (Max Weber, Madariaga, Semprún, y muchos otros) para abrir ese camino.  Que se estaba en el extranjero por haber acompañado a los mayores pero que nada se entendía ni de una cosa ni de otra, pero se amaba España y se la quería mejor, haciendo parte entre los mejores...

No pretendo, ni quiero, que te arrepientas de tu emigración, por muy mala que te la hagan sentir. Ya ves lo de "Los intereses creados": el drama humano está en hacer que lo realmente importante sea el dinero (sin que venga a cuento como lo has conseguido). No, el drama va más allá, pues hay amor, idealismos, patrias, trabajos... Y que todo continúa y no acaban "cuando la farsa acaba".

Después de los cincuenta viene una importante época de evaluación, de examen de conciencia, como ya dije antes. Mis amigos dicen que podría ser tema para una buena novela. Remontarse al pasado y ver a donde has llegado y poner a la desilusión nombre. Para que otros no caigan en los mismo errores que has caído.

Yo también, como Benavente, confieso ese amor a mi madre. Y desde que se ha ido... "solo me ha besado la luz de esa estrella."

Una estupidez ¿verdad? Con la cantidad de tías buenas que hay por ahí.

¡ Qué le vamos a hacer! Como ves, cualquier lectura (antigua o moderna) te lleva a tu drama personal. Así es la vida.

Publicado en julio de 2001.

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